!Confiesate ya!El que no se confiesa, no va al cielo.



Santiago 5.16.
Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos; la oración del justo,  obrando eficazmente, puede mucho.





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Biografía de Santiago Apóstol

Etimológicamente significa “usurpador”. Viene de la lengua hebrea.

Fue el hijo del Zebedeo y discípulo de Jesús. Como su hermano Juan, Santiago era también pescador.

Jesús les dio por sobrenombre a los dos hermanos “hijos del trueno”. Cuando Jesús le llamó para ser uno de sus seguidores especiales. Santiago se fue en seguida con el Maestro.

Santiago estuvo presente cuando Jesús devolvió la vida a la hija de Jairo y en la transfiguración en el monte Tabor.

Murió, por defender su fe bajo Herodes Agripa I. Su vida la puedes encontrar en los Evangelios y en los Hechos de los Apóstoles.

Cuando sintió la llamada para seguir a Jesús, algo extraño y divino se le metió en el corazón. Tanto amor le tomó al Señor que cuando llegó el momento de demostrar su fe, no tuvo la menor duda en entregar su vida por el Evangelio allá por el año 44, poco antes de la Pascua.

La historia cuenta que, desde el siglo IX, su cuerpo se venera en Santiago de Compostela. Durante un tiempo aparecía una “estrella” que iluminaba la noche y el lugar concreto en el que estaban sus restos.

Lo que realmente llama la atención, es que desde la Edad Media llegaban los peregrinos en tropel para expiar sus pecados, hacer oración o bien quedarse en el camino en cualquier ermita haciendo vida de anacoreta.

Y no solamente en la Edad Media, sino que hoy mismo – en este instante- habrá miles de peregrinos de toda Europa y de otros continentes que van en peregrinación a Santiago.

La tradición nos cuenta que, aunque murió en Jerusalén – como hemos visto -, su cuerpo fue trasladado a este lugar gallego para recibir cristiana sepultura.

Se puede afirmar que en todo el mundo cristiano existen miles y miles de iglesias dedicadas en su honor.

Cuando un día se sintió cansado por la falta de conversiones a la vida de Jesús, y, estando en Zaragoza, la Virgen María, que todavía vivía, le animó desde un "pilar" a que siguiera adelante con la obra que su Hijo le había encomendado. Es otra de las tradiciones de nuestra historia española.

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